El parque Luis Quintanar, antes llamado parque de la Solidaridad, fue presumido por el Gobierno del Estado como la “transformación más importante en su historia”. 864 millones de pesos invertidos, cinco años y medio de trabajos, discursos de autosatisfacción, y menos de un año después, quedó destruido por la primera tormenta fuerte de este temporal.
El arroyo de Osorio se desbordó, cubriendo de lodo canchas, pistas, puentes y áreas recreativas. Los vecinos de Tonalá que viven en los márgenes del parque no solo vieron perder su espacio de esparcimiento; ahora enfrentan inundaciones y la angustia de perder su patrimonio cada vez que llueve, por la falta de una red de drenaje adecuada que proteja a quienes habitan en las colonias cercanas.
Las autoridades estatales se lavaron las manos, justificando que “fue una lluvia atípica” y culpando a la basura que supuestamente tiraron los ciudadanos, mientras omiten su responsabilidad de planear obras de infraestructura pluvial acordes a un parque ubicado en un punto hidrológico crítico. Ni la SIOP, ni el SIAPA, ni la Agencia Metropolitana de Bosques Urbanos se hacen responsables de las omisiones en la infraestructura hidráulica del parque, ni explican por qué un proyecto de casi mil millones no incluyó obras suficientes para prevenir desastres que hoy afectan directamente a la gente de Tonalá.
Los vecinos de Tonalá tienen años padeciendo inundaciones en cada temporal. El parque Luis Quintanar, lejos de ser un orgullo, es un recordatorio de la indolencia de las autoridades, que prefieren la foto en la inauguración antes que garantizar obras funcionales, sostenibles y seguras para las familias.
Los especialistas han sido claros: no se destinaron recursos suficientes para resolver un problema histórico, ni se hicieron las intervenciones hidráulicas que la zona requiere. Hoy, quienes pagan las consecuencias son los vecinos que viven en la ribera, con agua dentro de sus casas, calles destruidas y pérdidas que el Gobierno no ve desde sus escritorios.
En Tonalá de Hoy nos sumamos a la exigencia de los vecinos: basta de excusas. Se requiere una intervención seria en la infraestructura pluvial del parque y sus alrededores. No es aceptable que después de una inversión de esta magnitud, la obra no soporte ni la primera tormenta y deje en el abandono a quienes deberían disfrutar y beneficiarse de este espacio.
La lluvia no fue “atípica”. Lo atípico debería ser la indiferencia de las autoridades que, ante el desastre, eligen justificarse antes que dar soluciones. El parque Luis Quintanar necesita un rescate real y urgente, y los vecinos de Tonalá merecen vivir sin miedo a perderlo todo cada vez que llueve.

