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Medellín frente a una nueva crisis de agua: entre los cortes y el llamado al ahorro

Medellín atraviesa en septiembre de 2026 una situación poco habitual para una ciudad que durante décadas ha contado con un servicio de acueducto estable.

Por: Sofía Arana Velasco
02.10.2026

La disminución de las lluvias y de los caudales que alimentan los sistemas de abastecimiento, relacionada con el fenómeno de El Niño, redujo la cantidad de agua disponible. El problema se hizo especialmente evidente en Piedras Blancas, el sistema con menor capacidad de almacenamiento y menos posibilidades de recibir agua de otras fuentes.

Los llamados “recortes” funcionan como una medida preventiva. EPM, que es el operador y responsable directo de todo el ciclo del agua en Medellín y el Valle de Aburrá, interrumpe temporalmente el servicio en determinados sectores para permitir que el sistema se recupere y evitar que el problema termine afectando a una parte mucho mayor de Medellín y del Valle de Aburrá. Los cortes se concentraron en diez circuitos de las comunas Popular, Manrique, Aranjuez, Villa Hermosa, Buenos Aires y La Candelaria, con interrupciones nocturnas de aproximadamente ocho horas. En total, la medida alcanzó a unas 109.000 instalaciones.

El alcalde Federico Gutiérrez y EPM optaron inicialmente por combinar los cortes con una campaña de ahorro. Bajo el mensaje “Cada gota cuenta”, se pidió a los habitantes reducir el consumo antes de tener que ampliar las restricciones. La meta fue ahorrar 92 litros diarios por hogar o establecimiento en las zonas abastecidas por Piedras Blancas y 70 litros en las zonas atendidas por los sistemas La Fe y Riogrande. También se realizaron controles a lavaderos de vehículos y otros usos considerados innecesarios del agua.

La campaña consiguió algunos resultados, pero también mostró sus límites. En Piedras Blancas, el ahorro alcanzó el nivel necesario para compensar temporalmente el déficit del sistema. En cambio, las zonas abastecidas por La Fe y Riogrande quedaron por debajo de las metas establecidas. Por eso, aunque las lluvias recientes permitieron levantar temporalmente los cortes, la Alcaldía advirtió que podrían regresar si aumenta el consumo y no mejora la disponibilidad de agua.

El beneficio principal de estas medidas es evitar que una escasez localizada se convierta en un problema generalizado. Reducir el consumo también permite que EPM utilice menos agua de otros sistemas para compensar a Piedras Blancas y disminuye la presión sobre las reservas. Sin embargo, los cortes tienen consecuencias directas para las familias: dificultan actividades básicas como cocinar, bañarse o limpiar, especialmente cuando ocurren durante varias noches. Además, una reducción desigual del consumo puede hacer que el impacto recaiga más sobre determinados barrios.

La situación también tiene un componente histórico. El actual sistema de acueducto de Medellín comenzó a consolidarse en la primera mitad del siglo XX. La planta Villa Hermosa, inaugurada en 1943, fue la primera planta de potabilización de la ciudad y posteriormente pasó a formar parte de EPM, creada en 1955. Desde entonces, la empresa ha ampliado y conectado distintas fuentes para responder al crecimiento de Medellín y los municipios vecinos.

El reto ahora es mirar más allá de los cortes de septiembre. El IDEAM señala que las condiciones de El Niño continúan y que la intensidad más probable será muy fuerte entre septiembre de 2026 y febrero de 2027, aunque esto no significa que vaya a dejar de llover por completo.

Las autoridades esperan mantener el ahorro como un hábito y evaluar semanalmente el estado de los sistemas. EPM, además, ha invertido cerca de 602 mil millones de pesos entre 2025 y julio de 2026 para fortalecer la infraestructura y conectar sus plantas de potabilización, aunque reconoce que esa capacidad de respaldo también tiene límites.

El problema del agua en Medellín no se reduce a decidir si habrá o no cortes. La ciudad enfrenta el desafío de mantener un servicio históricamente sólido en un escenario de menor disponibilidad de agua, y la respuesta dependerá tanto de las lluvias como de la infraestructura y, cada vez más, de cuánto consuman sus habitantes.

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