//Se fue por donde el sol sale

Se fue por donde el sol sale

Estaba hecho de barro de Tonalá, desde el dedo gordo del pie, hasta el cabello de la cabeza.

José Bernabe Campechano hizo de la alfarería un modo de vida que heredó a sus hijos.

El hueco que deja su desaparición física, está lleno y de sobra por sus descendientes.

Ése es el mérito de José Bernabe. No guardó para sí mismo y para sí solo el oficio aprendido de sus padres, sino que lo enseñó a sus hijos, a sus nietos y a quienes se acercaron a su casa taller para seguir sus pasos.

Ahí está la aportación de José a la cultura de Tonalá, su tierra, la tierra de sus ancestros, la tierra de sus descendientes.

Hablar del estilo petatillo como distintivo de la loza de greta es hablar de José Bernabe. Muchas familias desde generaciones antiguas practicaron el decorado petatillo, pero la familia Bernabe le dio identidad por dos sencillas razones: perseverancia y esmero.

José fue perseverante porque jamás se desalentó, a pesar de los naturales altibajos del oficio y los tiempos de vacas flacas del mercado.

José fue esmerado porque no se dejó llevar por el a’i se va. No hizo las cosas al troche moche, como decían los alfareros de antes. No fue alfarero del montón. Procuró hacer poco pero bien, en lugar de mucho para sacar la tortilla del día.

El decorado petatillo, consistente en finas pinceladas de blanco o matiz como telón de fondo de paisajes, figuras humanas o de animales, grecas y símbolos nacidos de su inagotable fantasía, fue la marca de la casa.

Piezas decorativas y utilitarias salidas de las manos de José Bernabe se exhiben en los sitios más variados del mundo, desde alacenas domésticas, hasta galerías de lujo y museos.

José fue innovador. La vieja alfarería era frágil. El barro y el uso diario acortaban la vida de los objetos. En tal virtud, Bernabe comenzó a mezclar la arcilla del subsuelo tonalteca con pastas industrializadas.

Sustituyó la greta por el esmalte.

Cambió el antiguo horno de adobe o ladrillo de lama por el construido con ladrillo refractario.

Dejó a un lado la leña de los árboles de la región y utilizó el petróleo y el gas para subir de 600 a un mil o dos mil grados la temperatura.

Resultado del nuevo proceso: Loza resistente no frágil; el recubrimiento más brillante y transparente; el decorado más vivo y limpio, más durable que antes.

Si a la transformación tecnológica se suma el mejoramiento del diseño, la innovación del decorado, la loza estilo petatillo de los Bernabe alcanza niveles muy altos de belleza.

Muy cierto que la loza de Bernabe está fuera del alcance de bolsillos medios bajos, pero también muy cierto que poseer un objeto elaborado por José Bernabe es un tesoro valioso.

En resumen, he dicho lo anterior en memoria de un personaje singular, como lo fue en vida José Bernabe Campechano, pero como reconocimiento a su papel destacado en la vida de este pueblo tan entrañablemente querido.

Por donde el sol sale, aparece un lucero nuevo en el firmamento de Tonalá. Se llama José Bernabe “el changuero” para quienes convivimos con él durante más de siete décadas.

Marcos Arana Cervantes
Editor del periódico Tonalá de Hoy

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