//Le hará falta a Tonalá.

Le hará falta a Tonalá.

Gilberto Mateos Torres amó a su tierra desde lo profundo de su alma.

Desde lo profundo del alma de Tonalá y desde lo profundo del alma de Gilberto.

Sus padres Benito y Lorenza sembraron la semilla familiar en la casa ubicada en la esquina noroeste del cruce de las calles Cuauhtémoc y Ramón Corona, en el cuartel cuarto de la cabecera municipal.

Ahí aprendió Gilberto la hombría de bien y el cumplimiento del deber para consigo mismo y para con los demás, porque si algo distinguía a Gil era su pasión por servir a sus semejantes.

Alfarero, agricultor, futbolista, comerciante, pintor, escultor, músico y, sobre todo, padre de familia por excelencia.

Junto con Lucila Suárez Arana formó un hogar en donde propios y extraños siempre encontraron calor familiar y amor al prójimo.

Creyente de tiempo completo, desde niño, joven y adulto, la Acción Católica fue la fuente donde abrevó y fortaleció la religión heredada de sus mayores.

Gil Mateos aprobó con creces las enseñanzas de la universidad de la vida. En la primera mitad del siglo 20, en Tonalá, las primeras letras y las primeras cuentas se aprendían en la casa familiar y en una de las dos únicas escuelas primarias del poblado: “la católica” y “la oficial”. De ahí en adelante, cada quien escogía su camino.

Gil traía la música por dentro. Y vaya si supo interpretar las notas. Su talento natural lo hizo buscar en los libros y en la escuela del arte tonalteca las vetas que le permitieron crear un capital más duradero que el dinero.

De sus padres recibió la luz que alumbró su paso por los empinados caminos de la vida. El amor por su tierra lo hizo emprender tareas que otros académicamente más preparados y económicamente más poderosos jamás realizaron por Tonalá.

Por ejemplo, de Gil salió la inquietud de escribir una columna semanal en el periódico Tonalá de Hoy. Sus vivencias personales y familiares, las tradiciones que le contaron sus mayores y su visión del futuro de su pueblo quedaron escritas en las páginas del periódico tonalteca y, luego, resumidas en el libro que con el título de su columna: TONALÁ DE AYER, le publicaron sus hijos, como testimonio y reconocimiento a su padre.

Muchas veces llovió en Tonalá, desde el primero de Septiembre de 1929, cuando nació Gil Mateos Torres y desde cuando vio la luz primera Lucila Suárez Arana, el 30 de Junio de 1935. El matrimonio de Gilberto y Lucila, el 11 de Abril de 1951, fue algo extraordinario, con decir que, en ese año, el Atlas ganó el primero y único título de su historia.

Al estilo del Tonalá de antes, Gil y Lucila formaron una familia numerosa. En orden descendente, Juan Gilberto, María Luisa, Margarita, Lidia, Nacho, Chuy, Gloria, Juan Manuel (+), Luís Bernardo y Jorge Alberto. Todos son profesionistas, gracias al esfuerzo de sus padres.

Gil Mateos le hará falta a Tonalá, a partir de hoy 26 de Junio de 2019.

 

Marcos Arana Cervantes
Editor del periódico Tonalá de Hoy.

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