//Genio llamado Miguel Mateos Sezate
Miguel Mateos Sezate

Genio llamado Miguel Mateos Sezate

Era un genio. Así, aunque no falte quien diga que exagero. No. Lo digo con todo conocimiento de causa y bajo la más absoluta responsabilidad personal. Dice la Real Academia que genio es la aptitud o gran capacidad de crear o inventar que posee una persona.

Me refiero a Miguel Mateos Sezate, tonalteca desde la médula de sus huesos.

Dice el texto bíblico que Dios asigna a cada quien la gracia, el don o el papel que le toca desempeñar en la vida terrena.

A Miguel Mateos Sezate le correspondió ejercer el deporte, la alfarería y la música y cumplió en alto grado cada una de las actividades.

Como futbolista, llegó a tal grado su habilidad, que algunos clubes de la liga mayor que se llamaba entonces lo que hoy es la profesional del máximo circuito se fijaron en él. Pero Miguel Mateos estaba tan apegado a su tierra que, jamás, aceptó invitación alguna para radicar en otro lugar.

Como alfarero, ejerció todas las modalidades y dominó el oficio desde el principio hasta el final. En el taller de Pascual Aldana en Tonalá y en el de Juan Aldana y varios más de Tlaquepaque, Miguel Sezate dio muestras de su genio.

Me contaba que por los años de 1950, cuando trabajaba en Tlaquepaque, los dueños de las alfarerías mostraban a sus trabajadores en el patio de las tiendas o talleres para que los turistas los miraran en acción. Para dar realismo y explotar la ingenuidad de los visitantes, vestían de calzón y camisa de manta y sombrero de soyate a los pintores. Colocaban un letrero en el que advertían a la clientela mantenerse a distancia de los alfareros porque eran indígenas peligrosos, como si fueran fieras de zoológico.

Miguel Mateos Sezate sabía extraer, moler, amasar y preparar el barro. Lo mismo modelaba una pieza a mano, que le daba forma sobre el molde. En lo que era maestro indiscutible era en la pintura. Independientemente del decorado tradicional a base de flores, plantas, animales y personas, era capaz de reproducir un paisaje o inventar grecas o dibujos de su imaginación. De la alfarería se incorporó al papel maché de moda a partir de los años 1960 y 1970, precisamente por su habilidad para crear modelos y decorar las piezas con exquisito gusto.

La actividad en la que se realizó completamente como ser humano y maestro fue en la música.

Miguel Mateos Sezate dominaba con toda naturalidad varios instrumentos, leía y componía partituras.

Dio rienda suelta a su vocación de maestro en la formación de bandas y grupos musicales. Formador nato, condujo con mano suave y enérgica a la vez a los niños y jóvenes que aprendieron el oficio bajo su cuidado.

Experiencia inolvidable fue la presentación de la Banda Guadalupana o Banda Juvenil Tonalá en la ciudad de México, en 1983. Con motivo de la presentación de la Semana de Tonalá en México, la directora del Museo Nacional de Artes e Industrias Populares, Tere Pomar, montó en las salas del antiguo templo de Corpus Christi, frente al Hemiciclo a Juárez, en la Alameda Central, una exposición inaugurada por el Secretario de Educación Pública y por el gobernador de Jalisco, con la asistencia del presidente de la Confederación de Cámaras de Comercio, el presidente de la Cámara de Comercio de la Ciudad de México y de la Cámara de Comercio de Guadalajara.

Con motivo de la Semana de Tonalá en México, la Banda Guadalupana dirigida por Miguel Mateos Sezate ofreció audiciones frente al Hemiciclo a Juárez y en el kiosko de la Alameda Central.

Miguel Mateos ejerció su vocación de músico desde su niñez hasta los últimos días de su vida con la maestría que sólo los genios pueden hacerlo.

No egresó de Universidad famosa alguna, ni de Academia nacional o internacional, ni tocó, a pesar de que tuvo numerosas invitaciones para hacerlo, en orquestas Sinfónicas. Miguel nació, creció y murió en Tonalá, tierra a la que demostró amar, no con palabras, sino con hechos.

Marcos Arana Cervantes
Editor del periódico Tonalá de Hoy.

Miguel Mateos Sezate.